Los jóvenes de América Latina están entre los más pobres del mundo.

La educación es la clave para superar la brecha intergeneracional de pobreza. El quinto principio cooperativo de educación, así como el impulso empresarial y el emprendimiento que brindan las cooperativas pueden contribuir a mejorar las condiciones para la población juvenil.

Hoy el mundo cuenta con la generación de jóvenes más numerosa de la historia. Son 1.800 millones de mujeres y hombres jóvenes, que en su mayoría viven en países considerados “en desarrollo”.1 

En América Latina y el Caribe uno de cada cuatro habitantes tiene entre 15 y 29 años, sumando 163 millones de jóvenes. Lo más preocupante es que cerca de un tercio de ellos vive en situación de pobreza y por tanto, con una alta desprotección de sus derechos.
El 30,3% de estos jóvenes vive en la pobreza y el 10,1% vive en la indigencia, según un estudio de la Cepal y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA). 
 
La juventud es el eslabón principal de la transmisión intergeneracional de la pobreza, según los expertos. Por tanto, se considera que el mecanismo central para cortar esta reproducción intergeneracional, es mejorar la dinámica que vincula la educación de hoy con el trabajo de mañana.
Del 20% más pobre de la población entre 20 y 24 años, solo 28% concluyó la educación secundaria; mientras que en el 20% más rico de esta misma población, alrededor de 80% terminó la educación secundaria.
 
Se estima que reducir la brecha en logros educativos en los jóvenes pobres versus los jóvenes no pobres, mediante una inversión focalizada en la educación de los sectores de menores ingresos, contribuirá de manera más contundente en la reducción de la pobreza juvenil.

Para los expertos, la educación secundaria completa es lo mínimo que se requiere de un joven para que una vez que accede al mundo laboral, tenga claras expectativas de alcanzar mejores niveles de bienestar, movilidad social y superación de la pobreza.

 
Desempleo e informalidad
 
A escala mundial, se estima que hay cerca de 75 millones de jóvenes desempleados. Las oportunidades laborales son pocas para los jóvenes. En los menores de 30 años el desempleo llega al 15%, mientras que entre los que tienen 30 años o más, solo es de 6%2 .
La tasa de desempleo urbano entre los jóvenes latinoamericanos y caribeños ha triplicado la de los adultos y es más del doble que la tasa general de desempleo promedio en la región. 
 
Al desempleo se suma otro elemento: La elevada informalidad laboral en la región que afecta a los jóvenes. Seis de cada 10 jóvenes que consiguen ocupación se ven obligados a aceptar empleos en la economía informal, con malas condiciones de trabajo, sin protección ni derechos, y con bajos salarios y baja productividad3.
 
Los riesgos ocupacionales y la baja seguridad en el trabajo también afectan a los jóvenes. Los 541 millones de trabajadores entre 15 a 24 años (contando 37 millones de niños con trabajo peligroso) que representan más del 15% de la fuerza laboral mundial, sufren hasta 40% más de lesiones ocupacionales no mortales que los adultos de más de 25 años.
 
Grandes desafíos
 
Nunca tuvo Latinoamérica tantos jóvenes como hoy. Las cooperativas están llamadas a aprovechar este potencial, ofreciendo oportunidades a nuestros jóvenes, favoreciendo una alternativa económica más incluyente y sostenible, generando opciones de educación, empleos de calidad, con plenos derechos laborales y promoción del emprendimiento juvenil.
 
Esto requiere la promoción de políticas de desarrollo productivo cooperativo entre los jóvenes, que conduzcan hacia estructuras económicas más diversificadas y más integradas, así como una educación de calidad para todos.
 


 

1 Datos de la Organización de las Naciones Unidas, 2018
2 Datos estudio OIT, 2017
3 Datos estudio pobreza juvenil OCDE, 2017

 

Comparte esta publicación