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 Las Montañas del ser  Nelson Cardona, guía y compañero de aventuras

Después de un largo viaje desde Colombia, habíamos llegado al campo base del Everest, ubicado a 5.400 msnm; la altitud hacía su presencia en nuestros cuerpos. Luego de tres días de aclimatación partimos a las 4:30 a.m,  cuando la temperatura era de -30°.

Nuestros sherpas marcaron la ruta por la peligrosa cascada de hielo del Khumbu. Debíamos llevar suministros y equipos a los 4 campamentos, a los que íbamos a visitar para la escalada final. Los pasos no eran fáciles, habían grandes abismos que debíamos sortear y desafiaban nuestras vidas.

Al pasar por unas escaleras de aluminio unidas precariamente una de otra, sentí pánico, no lo niego amigos caminantes, a esos abismos no se les veía el fondo. Lastimosamente, una chica que pertenecía a una expedición española cayó dentro de una grieta al fallar la escalera, sufrió graves fracturas en todo su cuerpo y fue evacuada por un helicóptero hasta Katmandú.

 A las 10:30 de la mañana escuché un sonido ensordecedor que salía de una de las paredes sur del Monte Everest; era una avalancha que al caer, golpeó la parte inicial del glaciar y, en forma de efecto domino, se abalanzó sobre nosotros, parando tan solo a unos pocos metros de distancia de donde estábamos ¡Nos salvamos de milagro!  Teníamos que derretir nieve para obtener agua, algunos chocolates energéticos, unos enlatados, bocadillos veleños y unas sopas de sobre que nos proveían electrolitos para contrarrestar la deshidratación que nos acosaba continuamente, esa era toda la comida.

Recuerda, que en las salidas a caminatas que realices en tu Programa Vive Caminantes en la altitud y en los campos superiores de las montañas, debes tomar mucha agua para poder sobrevivir, ya que es lo único que evita la enfermedad de la montaña, el “soroche” (mal de las alturas), además de  contrarrestar el edema pulmonar y el cerebral.

El 16 de mayo del 2010, llegamos al último campamento a 8000 msnm., llamado la “zona de la muerte”; un lugar donde es difícil existir y sobrevivir. Según los informes meteorológicos, se acercaba una tormenta para el siguiente día, teníamos que darnos prisa, ya que la predicción era que la tormenta, desatada en el Océano Índico, nos atacaría en la madrugada del día de cumbre. Peor presagio no podía ser, pero no perdimos la esperanza ni la calma.

Hasta ese punto habíamos llegado sin utilizar oxígeno y para asegurar el éxito partimos con tanques de oxígeno, los cuales nos daban más seguridad en caso de que tuviéramos que enfrentar la tormenta. Partimos sobre las 9:30 p.m. El fuerte viento que nos había acompañado durante toda la tarde había cesado.

 Amigos del Programa Vive Caminantes, les comparto que esta fue la noche más eterna y espectacular de mi vida: las linternas frontales marcaban la ruta hacia la cima como una bandada de luciérnagas en noche de verano. Fue amaneciendo lentamente y pude observar en el horizonte la curvatura terrestre.  Los últimos pasos hacia la cima fueron muy lentos. Llevaba un litro de agua y 4 geles energéticos; en el ascenso me tome medio litro de agua y me comí 2 geles. El otro medio, al dejar un bolsillo un poco abierto, se congeló. Tuve que botarlo porque me pesaba como un kilo. Eso fue todo lo que comí y bebí durante 24 horas.

Al llegar a la cima y tener ante mis ojos tanta majestuosidad, lo único que exclamé fue: “Qué pequeño soy”. Estuve en la cima unos cuantos minutos, los cuales me permitieron reflexionar acerca de la vida y… que viviré caminando por las "Montañas del ser" hasta que Dios lo permita.

¡El descenso fue muy difícil con la tormenta que amenazaba nuestras vidas! Dos días después llegamos al campo base y pudimos mostrarle al mundo que “no son los golpes ni las caídas los que hacen fracasar a los seres humanos, sino la falta de voluntad para pararse y continuar ante la adversidad”.

Espero les haya gustado esta magnífica experiencia que compartí con ustedes asociados de Coomeva y miembros del Programa Caminantes y que se motiven a alcanzar sus sueños, porque sí se puede.

Un saludo,
Nelson Cardona

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