Las mujeres que no podían hablar Y el por qué del dicho “calladitas nos vemos más bonitas”  El Derecho como profesión se desarrolló en una de las sociedades más patriarcales: La romana. Las mujeres tuvieron vedado por mucho tiempo la posibilidad de ejercer como abogadas y defender a terceros,  pero también de ellas se creía que era más virtuoso que no hablaran.

La historia ha documentado en especial tres casos de abogadas en la antigua Roma y fue una de ellas la que generó la prohibición para las mujeres de hablar en el Foro. 
 

El origen del Derecho como profesión se sitúa en el Imperio Romano. Se dice que fue el Emperador Justino quien creó el primer Colegio de Abogados. Para registrarse y poder ejercer se requería tener al menos 17 años de edad, aprobar un examen de jurisprudencia, acreditar buena reputación, comprometerse a defender a quien el Pretor  le designase, no abandonar la defensa y especialmente, ser varón.

En Roma las mujeres estaban excluidas de la vida pública y de las funciones civiles, que eran calificadas como “viriles”. Los hombres se imponían tanto en la casa, como en la ciudad y predominaban en las actividades económicas y políticas, así como en las relaciones jurídicas. Ellas eran consideradas “impúberes”, es decir, personas bajo tutela y por lo tanto no podían ser juezas, magistradas o abogadas, ni intervenir en negocios jurídicos en representación de otros.

Además de una cultura andragógica, de los prejuicios religiosos y de la baja educación de la mujer romana, se dice que esta prohibición de participar en la vida pública se dio también para evitar que realizaran oficios de hombres y que se mezclaran en causas ajenas, en contra de su pudor y del deber femenino del “silencio” . Una mujer casta, respetable y honesta debía tener la boca cerrada.

Para los romanos el silencio era una virtud y un deber de las mujeres. La mujer mantenía su “virginidad” en la medida en que tuviera cerradas la boca y el útero. Sin voz ni voto, el silencio de la mujer era una obligación en la vida pública, pero también en las cenas, a las que se les permitía entrar en algunos momentos, pero permaneciendo calladas. 

Carfania y el origen del veto a la mujer en los tribunales

La prohibición para las mujeres de hablar en los tribunales se dio por un hecho generado por una abogada llamada Carfania -o Caya Afrania-, a quien se considera la primera abogada de la historia, pues defendió intereses de terceros ante los jueces. 

De Carfania se dice que fue una mujer dada a instaurar pleitos y que se destacó por su capacidad de expresión, su estilo “vehemente” y una fuerte y agresiva personalidad, por lo que su modo de hablar era “insultante” para los jueces. Tenía conocimiento del Derecho y experiencia forense -tema que solo era permitido a los hombres-. 

Al parecer una vez causó tanta furia a un Pretor que este redactó un edicto en el que vetó a las mujeres para el ejercicio de la abogacía, prohibición que se extendió hasta entrado el Siglo XX.

Por lo sucedido Valerio Maximo, un historiador del Siglo I d. de C., se refiere a Carfania como “desvergonzada y sin pudor”. De la intervención que desató el discriminatorio edicto menciona que “no habló, sino que gritó”, “aulló” y la llamó “mounstro”. 

El hecho llegó hasta tal punto que a las mujeres de “malas” costumbres se les llegó a dar el apelativo de “Afrania” . Pero también los romanos llamaron después “afraniae” a las mujeres que se destacaban por su desenvoltura y locuacidad.

Tácita Muta, la Diosa del silencio

En la mitología romana Tácita Muta fue una náyade o ninfa de agua dulce, llamada Lara o Lala -que significa “balbucea o parlotear”- que tendía a hablar con demasiada ligereza. 

Júpiter le confiaría un secreto a las náyades, pero Lara no lo guardó y se lo contó a Juno, la esposa del dios. Por eso Júpiter la castigó arrancándole la lengua y desterrándola a los infiernos . Así Tácita Muta o la Diosa del Silencio fue el modelo femenino en Roma y el silencio se consideró tan importante para el buen gobierno, como lo fue la elocuencia.

Hortensia y Amasia, grandes abogadas de la antigüedad

En la Roma republicana algunas mujeres se presentaban ante los tribunales en casos que las hicieron célebres. Junto a Carfania otras de las más conocidas fueron Hortensia y Amasia Sentia -o Maesia-.

El caso de Hortensia es reconocido por el memorable discurso que dio en público en el año 42 y con el que logró abrogar un nuevo impuesto.

Hortensia era hija del político, orador y abogado Quinto Hortensio, llamado “el rey de los tribunales” y de quien aprendió jurisprudencia y su elocuencia. Cuando a los llamados triunviros  Marco Antonio, Octaviano y Lépido les hizo falta dinero para una guerra, crearon un impuesto para las 1.400 mujeres más ricas, con la amenaza de importantes sanciones. Ellas, especialmente las emparentadas con enemigos de los gobernantes, decidieron presentarse ante el tribunal de los triunvirus y Hortensia habló en nombre de todas, logrando así modificar el tributo impuesto. 

Por su parte Maesia fue reconocida por defenderse a sí misma ante el Tribunal, luego de ser acusada de un crimen -se cree que adulterio-. Llevó una defensa con especial tenacidad y acierto -algunos señalan que con “ánimo viril”-, por lo que logró ser absuelta por decisión unánime después del primer discurso. Esta característica hizo que la llamaran “andrógina”. 

Sarmiza Bilcescu, primera mujer europea licenciada en Derecho

La primera mujer europea licenciada en Derecho por la Universidad de París y la primera en el mundo en obtener un doctorado de Derecho fue la rumana Sarmiza Bilcescu.

Superó muchos problemas para estudiar, incluso para ingresar a las aulas de la universidad después de ser admitida, pero a sus 23 años defendió su tesis doctoral titulada "Sobre la condición jurídica de la madre", en la que expuso con gran rigurosidad las contradicciones y carencias de los derechos de las mujeres, sobre todo de las madres. 

Fue la primera mujer que podía ejercer la abogacía en Rumania, al ser invitada Colegio de Abogados de Ilfov. Sin embargo se dedicó a defender el derecho al acceso a la educación de las niñas y niños de su país. Junto con otras mujeres fundó la Sociedad Rumana de Señoritas. Murió el 26 de agosto de 1935.

De la historia reciente 
Hasta la década de los 70 las mujeres eran menos del 5% de los abogados en Estados Unidos. La Escuela de Derecho de Harvard las admitió solo hasta 1950. A partir de entonces su número ha aumentado y ellas han llegado a sumar casi la mitad de los graduados en Derecho.

 

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