La gobernanza cooperativa es el conjunto de mecanismos y controles, internos y externos, con los cuales los cooperados definen y aseguran el alcance de los objetivos de una organización, de un modo consistente con el propósito de la misma y garantizando la continuidad de los principios cooperativos1.

El experto consultor colombiano Alveiro Monsalve Zapata2 ha señalado que la gobernanza es tal vez el componente más difícil de la gestión asociativa, pues “el éxito de una organización solidaria no sólo depende del resultado económico y social, sino también de la capacidad de sus directivos para gobernar con buenas prácticas en el marco de una sana ética empresarial y de una moral solidaria a toda prueba3.

Indica que más allá de los marcos normativos, que son muy importantes para una apropiada gobernanza cooperativa, son fundamentales la capacidad diligente, la conducta ética y la actitud moral de los directivos, que deben ser elegidos entre los mejores y más idóneos o preparados para gobernar a la institución.

La gobernanza está relacionada con la visión, el proceso de toma de decisiones, la dinámica del poder y las prácticas de rendición de cuentas. Por su importancia central en el desarrollo de la organización cooperativa, las prácticas de gobernanza siguen siendo tema de debate y un desafío por enfrentar en el sector cooperativo.

Con esto en mente, en 2016 la Alianza Cooperativa Internacional, ACI, invitó a un grupo de expertos cooperativos a indagar con mayor profundidad sobre el tema del buen gobierno en las organizaciones solidarias. Al respecto, el documento “La gobernanza cooperativa apta para construir resiliencia frente a la complejidad”, señala que quienes dirigen una cooperativa deben saber que la forma de enfrentar y superar las dificultades en este tipo de organizaciones puede constituir una fortaleza, una debilidad o una oportunidad, según como se tomen las decisiones al respecto.

Para la ACI, los sistemas de gobernanza de las cooperativas son muy heterogéneos ya que son el resultado de la evolución del movimiento cooperativo durante cientos de años de historia, sumado a entornos jurídicos diversos, normas sectoriales disímiles y a características de las cooperativas como tamaño, tipo de su membresía, ciclo de vida y grado de madurez.

Las propiedades fundamentales de la gobernanza cooperativa

En el documento de la ACI, Sonja Novkovic y Karen Miner4 plantean que existen tres propiedades fundamentales inherentes a las cooperativas que constituyen una ventaja competitiva frente a otros modelos, respecto a la capacidad para diseñar sistemas de gobernanza complejos para empresas resilientes. Las cooperativas deben poner en práctica estas tres propiedades en sus sistemas de gobernanza para lograr hacer frente –ser resilientes- ante contextos de complejidad creciente:

1. Humanismo. La primera propiedad de la gobernanza cooperativa tiene que ver con poner en el centro a las personas. Las cooperativas necesitan diseñar sistemas de gobernanza (normas, prácticas y procesos para dirigir y controlar la organización) que induzcan a la responsabilidad y la participación de las múltiples partes interesadas. Así las organizaciones adoptan un equilibrio de objetivos, incluidos los financieros, involucrando en la toma de decisiones a las principales partes interesadas.

2. Propiedad y control conjuntos. La propiedad conjunta de las cooperativas va de la mano con el control por parte de los asociados. Una arquitectura de gobernanza que permita que los asociados ejerzan su derecho de control sobre todas las funciones de la entidad, constituye el núcleo de la gobernanza cooperativa.

3. Democracia (autogobierno). El autogobierno es el motor fundamental de las empresas cooperativas. Supone que las normas de gobierno son definidas, revisadas regularmente y conocidas por todos los asociados. La participación democrática también implica la creación de relaciones de lealtad entre la cooperativa y sus asociados, basadas en la confianza y la comunicación transparente.

Factores estructurales de la gobernanza cooperativa

Por su parte Serna y Rubio (2016)5 han propuesto cuatro factores estructurales básicos que consolidan un modelo de gobierno en las cooperativas:

1. Participación. Estimular, promover y asegurar la participación de los asociados es un gran reto en el sector. El asociado debe tomar conciencia de que elegir a los administradores y gestores le garantiza tranquilidad y confianza con respecto a quienes administrarán sus aportes. De la participación voluntaria es necesario trascender a acciones que hagan obligatoria la presencia de los asociados donde se toman las decisiones trascendentales y donde se elige a quienes administrarán en su nombre y llevarán a cabo la gestión y el control de la cooperativa.

2. Educación para la asociatividad. Como condición necesaria para un buen gobierno corporativo los recursos de cada cooperativa para educación deberían focalizarse en el diseño de modelos pedagógicos que reconstruyan la relación emocional con los asociados, con base en la solidaridad y la asociatividad como fuentes para compartir valor.

3. Evaluación de los administradores. Esta es una condición necesaria para que exista un gobierno creíble y confiable, capaz de asegurar que los instrumentos de gobernabilidad -códigos de buen gobierno y de ética, normas sobre conflictos de interés, revelación de información y otros contenidos- se incorporen en la cultura de la organización. Una tarea fundamental para asegurar un buen gobierno es incorporar metodologías de evaluación en cada uno de los órganos de administración de la cooperativa, empezando por una evaluación anual entre pares o autoevaluación, trascendiendo idealmente a evaluaciones externas especializadas y en el contexto del sector solidario.

4. Fortalecimiento de los sistemas de control y rendición de cuentas. La auditoría interna es un soporte fundamental de un buen gobierno corporativo. La rendición de cuentas frente a los asociados, los miembros internos de la organización y la sociedad es una estrategia que contribuye a crear confianza y a dar soporte a la gobernabilidad de una organización.

En suma, es importante que los retos que plantea la gobernanza en las cooperativas sean enfrentados por los mismos dirigentes cooperativos. Como lo señala la ACI, es necesario hacerlo con una nueva mentalidad que asegure que las organizaciones, sobre todo las más grandes, operen mediante acuerdos que satisfagan las necesidades de la empresa y garanticen su prosperidad como cooperativas.

Fuentes
1Eudes de Freitas Aquino. Gobernanza cooperativa. Presentación en III Cumbre Cooperativa de las Américas, 2014.
2Alveiro Monsalve Zapata es economista, con especializaciones en Gerencia de Mercadeo, Informática para Gerencia de Proyectos, Estadística Económica y Diplomado en Alta Gerencia Cooperativa. Ha sido gerente de Coomeva Bogotá, Credicoop, Coopebanca, Cooacueducto y Coopcafam e integrante de Juntas directivas en Ascoop y Coopdesarrollo. Actual Director de Huella Solidaria de Colombia.
3Alveiro Monsalve Zapata. “La práctica del buen gobierno asociativo”. Revista Gestión Solidaria, abril de 2017.
4Sonja Novkovic y Karen Miner. La gobernanza cooperativa apta para construir resiliencia frente a la complejidad. ACI, 2016.
5Serna Gómez, H. & Rubio-Rodríguez, G.A. (2016). La gobernabilidad en el sector cooperativo: Una reflexión acerca de su verdadera implementación. Revista Virtual Universidad Católica del Norte, 48, 239-256.

 

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