Ni débiles ni fuertes, simplemente diferentes

La equidad de género se refiere a la capacidad de ser justos en relación al trato que la sociedad brinda a los hombres y a las mujeres, teniendo en cuenta sus diferencias y sus necesidades particulares.

 Hombres y mujeres, sin importar sus diferencias biológicas, tienen el mismo derecho al uso, control y beneficio de todos los bienes y servicios de la sociedad, así como a la toma de decisiones en los ámbitos social, económico, político, cultural y familiar, mediante un equilibrio y una distribución justa que garantice que ninguno de los sexos se beneficie en perjuicio del otro.

En las sociedades primitivas las diferencias biológicas de sexo, expresadas por ejemplo en diferencias en la fuerza física, llevaron al predominio del hombre sobre la mujer. Se generaron diferencias de poder y por tanto, de beneficios en todo sentido.

En la actualidad entendemos que las diferencias biológicas son naturales y establecen los rasgos que nos caracterizan a cada uno como seres humanos. Una buena parte de estas diferencias biológicas determinan, por ejemplo, las enfermedades que sufren unos y otros y los riesgos a los que están expuestos. Entre otras razones, es por esto que deben reconocerse y considerarse. 
 
Pero en este mundo evolucionado se ha demostrado ampliamente que aunque existan diferencias entre hombres y mujeres, éstas no tienen por qué generar relaciones de inferioridad de un género frente al otro, ni determinarles las posibilidades de acceso a los beneficios y recursos de la sociedad. 

Ser diferentes no implica una inferioridad en las capacidades, ni determina la eficiencia o la eficacia de las personas en los diversos ámbitos de la vida social, política, familiar y laboral.

Hoy comprendemos que reconociendo y aprovechando las diferencias naturales y las potencialidades y características de hombres y de mujeres, es que podemos lograr una sociedad realmente completa y equitativa. 
 
Importa la diferencia, pero necesitamos la igualdad
 
Las Naciones Unidas han planteado que el logro de la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible dependerá de que logremos la igualdad entre los géneros.
 
Al mismo tiempo que necesitamos el reconocimiento y el respeto por las diferencias naturales entre hombres y mujeres, hay diversas razones que evidencian que alcanzar la igualdad en el ejercicio de los derechos para ambos géneros tiene efectos positivos en muchos ámbitos para toda la sociedad y en todo el mundo (ONU). Alguna de esta evidencia señala que:


• Ningún país, comunidad o economía puede alcanzar su potencial o afrontar los desafíos del siglo XXI sin la participación plena e igualitaria de las mujeres y los hombres (Grupo Banco Mundial).

• Lograr la igualdad de género podría elevar el capital humano mundial en el 18% (Banco Mundial).

• Implementar medidas que favorezcan la igualdad de género permite contar con talento humano con mejores capacidades y habilidades en un 58% (estudio Universidad de Pepperdine, California).

• Alcanzar la equidad de género en los altos cargos empresariales puede llevar a obtener entre 18% y 69% más de ganancias en 20 años (Forbes).

• Eliminar las desigualdades entre hombres y mujeres en el ámbito laboral añadiría un 26$ más de riqueza al Producto Interior Bruto (PIB) mundial y contribuiría al crecimiento de la economía pública y privada (Fondo Monetario Internacional).

• Si se remunerara al 75% de las mujeres que trabajan sin sueldo, se añadirían hasta 10 billones de dólares al PIB mundial; es decir, un aumento del 13% (estudio The McKinsey Global Institute, MGI).

Tarea pendiente

Pese a las anteriores y otras muchas evidencias, las investigaciones muestran que la equidad de género completa no se ha alcanzado aún en ningún país. 

Aunque en los más desarrollados se han logrado importantes avances, aún persisten diferencias en el acceso a posiciones de poder e igualdad de oportunidades en educación y desarrollo personal, además de otros aspectos difíciles de medir, como la violencia psicológica.

Alcanzar la equidad de género, desde el reconocimiento de las diferencias, es una tarea que compete a hombres y a mujeres. Aceptando, valorando y potenciando lo que cada uno es, alcanzaremos la equidad.

 

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