La guerra inscrita en el cuerpo Informe nacional de violencia sexual en el conflicto armado* *Tomado del libro que lleva este nombre

Según el Observatorio de Memoria y Conflicto del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) de Colombia, al 20 de septiembre de 2017 se contaron 15.076 personas víctimas de delitos contra la libertad y la integridad sexual en el marco del conflicto armado. De estas, el 91,6% eran niñas, adolescentes y mujeres adultas.
 
Pretendo mediante este breve articulo revisar un poco de la historia de la violencia de género en nuestro país.
Aunque ningún actor armado reconoce el uso de la violencia sexual en el marco del conflicto, las múltiples voces y silencios, principalmente de mujeres, confirman la magnitud de la violencia con que sus cuerpos han sido sometidos, apropiados, despojados de su humanidad. 
 
La violencia sexual se ha constituido en una modalidad de violencia que cumple distintos fines de acuerdo con los objetivos de los actores y de los distintos momentos de confrontación, pero el común denominador es estar sustentada en arreglos de género que privilegian la construcción de masculinidades despóticas y perpetúan la objetivación de los cuerpos femeninos.
 
Las víctimas de violencia sexual han vivido con carne propia las vejaciones que se ejercen sobre sus cuerpos considerados disponibles, reducibles a objetos; están impresas las marcas de una sociedad que silencia a las víctimas, de familias y comunidades tolerantes a las violencias de género y de un manto de señalamiento, vergüenza y culpa que impide que se reconozca la verdad de lo sucedido.
 

En el libro se presentan testimonios de mujeres de distintas condiciones sociales, edades y orientaciones sexuales. Las motivaciones que las llevan a contar sus experiencias son las de dar un lugar a su historia en el proceso de reconstrucción de lo que ha pasado en el país.



Aquí se describe un resultado más de las luchas de mujeres que, en un esfuerzo colectivo, desean visibilizar las múltiples formas de violencia hacia la mujer. Encontramos distintas modalidades de violencia sexual: La más frecuente es la violación; la esclavitud sexual; la prostitución forzada; la esterilización forzada y por último: la planificación forzada.
En la lectura que se debe dar a la violencia se debe partir del entendimiento de que los cuerpos no son solamente cuerpos orgánicos, sino que estos van más allá de la anatomía y fisiología-. “Los cuerpos son también las vivencias que somos y nuestro primer archivo”.
 
Nuestros cuerpos están implicados en el mundo y por eso la forma en que conocemos y experimentamos la realidad es siempre corporal (Bourdieu 1999, página 188). El cuerpo no se encuentra escindido de la mente o la identidad del alma o el pensamiento (Le Breton, 2015).
 
Existe una amplia demanda a las víctimas para que emprendan el camino de la denuncia, pero las pocas o nulas condiciones de privacidad o confidencialidad en el momento de la atención son obstáculos graves en la seguridad de las víctimas.
Ante el panorama de impunidad y de injusticia la denuncia se convierte en un peligro inminente. Ante este desalentador panorama, la pregunta de las mujeres es para qué denunciar.
 

La violencia sexual se encuentra tan extendida, naturalizada y normalizada en la sociedad colombiana que medir sus dimensiones y sus magnitudes es una tarea sumamente difícil; los sistemas de información y la falta de interés en visibilizar estas violencias esconde el dolor de una sociedad permeada por la violencia.


 
Las personas víctimas de la violencia sexual hablaron en este libro y ahora es responsabilidad de todos los sectores de la sociedad garantizar que los hechos aquí narrados, no se repitan nunca más.
 
Para descargar de manera gratuita y leer el informe completo elaborado por el Centro Nacional de Memoria Histórica de Colombia ingrese AQUÍ
 

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