Alimentación de la madre en el periodo de lactancia

Alimentación de la madre en el periodo de lactancia

Alimentación de la madre en el periodo de lactancia

Durante la lactancia, la madre debe consumir mayor cantidad de alimentos con el fin de proteger su estado de salud y nutrición y asegurar suficiente producción de leche para amamantar a su hijo o hija.

 La madre en período de lactancia, puede comer toda clase de alimentos, sin restricciones, incluso en el primer mes después del parto. La producción de leche implica un gasto extraordinario de energía, que la madre debe cubrir con alimentos, con el fin de evitar el deterioro de su estado de salud y nutrición.

 La madre en período de lactancia, necesita comer mayor cantidad de alimentos que los que consumió durante la gestación. El padre del niño o la niña, así como la familia de una madre lactante, deben velar porque ésta reciba por lo menos un alimento más en cada comida. Por ejemplo: 1 tortilla o 1 pan o 1/2 taza de arroz o pasta adicionales.

 Para que la madre pueda cubrir sus necesidades nutricionales de calcio y de hierro, es importante que en su alimentación incluya alimentos como leche, carnes, vísceras rojas, leguminosas secas, frutas y verduras. La madre lactante puede mejorar el valor nutritivo de su alimentación, consumiendo, en una misma comida, leguminosas secas, cereales, verduras y frutas.

 La madre en período de lactancia, necesita tomar líquidos para mantenerse hidratada de modo que pueda mantener la cantidad suficiente de leche; el mejor indicador de la cantidad de líquidos que la mujer requiere es la sed; por esto es importante que consuma agua, leche o jugos cada vez que sienta sed y es importante que la calme tomando agua, jugos o leche, pero sin olvidar que la producción de la leche se garantiza por la succión del bebé.

 En diferentes culturas se utilizan mezclas de hierbas en infusión o alimentos para aumentar la producción de leche materna. Estas no hacen daño al niño o niña. En la madre produce un efecto benéfico, dándole confianza de poder amamantar y en algunos casos, por su valor nutritivo, complementan su alimentación. El hinojo (en infusión) ha demostrado su propiedad de aumentar la producción de leche.

 El éxito de la lactancia materna no sólo depende de la alimentación consumida por la madre, sino también de otros factores como el apoyo afectivo y efectivo del padre del niño y la familia, así como de la confianza de la madre en su capacidad de amamantar.

Un buen estado de salud y nutrición en la madre lactante es fundamental para garantizar la crianza del niño o de la niña y el bienestar del grupo familiar. Para ello, es necesario espaciar los nacimientos, asegurar a la madre una alimentación adecuada y corresponsabilizarse en las tareas del hogar y la crianza a fin de que a madre lactante tenga el descanso necesario y la disponibilidad para alimentar y atender a su hijo o hija recién nacido.

Tradicionalmente la mujer ha sido el eje de la vida familiar. Sobre ella recae la mayor responsabilidad del cuidado de los niños y de la interacción familiar. Las razones para ello no estriban en su “naturaleza femenina” ni en su “instinto maternal”, sino que obedecen a modelos culturales y sociales que atribuyen roles de género a hombres y mujeres para justificar la división sexual del trabajo con lo cual se pretende destinar a la mujer al espacio de lo doméstico y al hombre al mundo de lo público. Esta es una división falsa e injusta, que ha subordinado a la mujer y obstaculizado su desarrollo en otros campos de la vida y ha negado a los hombres la dimensión de los afectos, la ética del cuidado y la expresión de sus sentimientos.

Sin embargo, se pueden comenzar a cambiar los roles de género, vinculando al esposo o compañero en la corresponsabilidad del hogar y la crianza con lo cual se procura a la mujer, el descanso necesario y la alimentación que ella necesita para su propio bienestar y el de su hijo o hija recién nacido y se incrementan el amor y la solidaridad en el seno del hogar.

Los ciclos continuos de gestación y lactancia, especialmente en madres mal alimentadas, provocan desgaste físico y envejecimiento prematuro de la madre. El espaciamiento de los nacimientos de por los menos 24 meses entre cada embarazo y una buena alimentación, aseguran en la madre un mejor estado de salud y nutrición, y le facilitan el amamantamiento y el cuidado de los bebes.

Fuente: Unicef

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Fecha de publicación 08/07/2013
Última modificación 07/06/2019